“Mística y Espiritualidad” – Tomo 1 –Obras Completas
RAIMON PANIKKAR
Les dejo unos fragmentos (pag.287-288) –mayúsculas mías-
“Nuestro sūtra (aforismo-escrito) nos habla de una consciencia repleta de AMOR, pero no lo puede estar si no está al mismo tiempo repleta de conocimiento. A pesar de la experiencia con la que hemos querido distinguir (por tributo al pensar analítico) entre consciencia intelectual y conciencia moral, hay también aquí una sabiduría profunda en no separarlas. La consciencia perfecta es consciencia de la Verdad, de la Belleza y del Bien sin separación posible. Cuando el pensamiento más típicamente occidental nos dice que toda consciencia es de (algo), y cuando el más tradicionalmente oriental nos asegura que la consciencia pura no es de nada, nos están subrayando, el primero, el primado del conocimiento, y el segundo, el del amor. El conocimiento es un movimiento centrípeto: asimilamos un objeto, incorporamos algo, nos lo llevamos hacia el centro, captamos algo de fuera. El amor es un dinamismo centrífugo, sale hacia fuera, regala, derrocha, da; no es una absorción de nada. Pero no deberíamos separar Oriente de Occidente, puesto que en cada uno de nosotros hay un lugar donde nace el sol y otro donde se pone. El mero conocimiento discrimina y el solo amor no juzga. El «Padre», según los Evangelios, distingue entre justos y pecadores, pero no los juzga, puesto que hace llover y salir el sol para todos sin enjuiciamientos morales. LA MÍSTICA SUPERA TALES DICOTOMÍAS. Resulta poco menos que obvio que para que la consciencia pueda estar repleta de amor ha de estar vacía de todo contenido, y resulta igualmente obvio que para estar rellena de conocimiento ha de estar igualmente vacía de todo deseo. Ama a Dios «con toda tu mente (¬ dianoia)», dice la Biblia. «Vacíate completamente de todo», preconizan tanto el zen como el yoga, entre otras escuelas de espiritualidad. El todo solo es compatible con la nada. Los extremos se tocan, porque ni el tiempo ni la realidad son rectilíneos. Un desafío capital para la filosofía moderna, después de la pretendida «emancipación» de la epistemología de toda ontología, consiste en la SUPERACIÓN DEL DOGMA EPISTEMOLÓGICO de que todo conocimiento implica la separación entre un sujeto (cognoscente) y un objeto (conocido), que sería el concepto que re-presenta la cosa (el noumenon). Junto con el conocimiento conceptual, para el cual el amor no es absolutamente necesario, se da, sin embargo, EL CONOCIMIENTO SIMBÓLICO, que exige la salida del cognoscente (y, por lo tanto, amor) para participar en el símbolo, esto es, amarlo. El símbolo no tiene pretensión de mera objetividad. SI EL SÍMBOLO NO ES SÍMBOLO PARA MÍ, DEJA DE SER SÍMBOLO. El símbolo solo es símbolo cuando simboliza, como la canción solo es canción cuando se canta….Como aún insistiremos, es la dimensión amorosa de la experiencia mística la que nos impide caer en el solipsismo y encerrarnos en nosotros mismos, aún escuchando a Dios en nuestro interior, porque lo divino se encuentra también fuera de nosotros. Y es, por otra parte, la dimensión intelectual de la experiencia mística la que nos impide caer en la credulidad y en el sentimentalismo. La experiencia mística mantiene el equilibrio entre la introversión y la extraversión. EL MÍSTICO NO ES UN ACTIVISTA, PERO TAMPOCO UN «INTIMISTA»….EL CAMINO DE LA MÍSTICA ESTÁ ABIERTO A TODO EL MUNDO….La experiencia mística que, al ser integral, nos unifica y transforma, se manifiesta en la praxis, es actividad tanto como quietud; es esfuerzo tanto como sosiego; es la «música callada» del poeta místico castellano”.
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